viernes, 9 de diciembre de 2011

CUENTO DE NAVIDAD

En ocasiones, soy feliz. Ese pensamiento me recorría la mente una y otra vez.No lo podía apartar.Me decía a mi mismo, incluso en voz alta, "pero que vas a ser feliz inocente", "alma de cántaro".A lo mas te lo puede parecer.No están las cosas para permitirse el lujo de ser feliz, y menos demostrarlo en publico que no se sabe quien ronda cerca y se puede herir sensibilidades.
Tumbado en aquel sillón de sky datado por la prueba del carbono catorce en el siglo pasado, dando forma a los propios cojines para que se adaptaran a mi cabeza de alguna forma en la que me permitiera meditar cómodamente, del porque me emperraba en pensar que era feliz. Luchaba como podía.Utilizaba todas las armas a mi alcance.Incluso intente ahogar mis despreciables sentimientos.Y digo despreciables, por lo inoportuno de los mismos.En plena crisis no es de recibo. Bebí vino y sopa de cocido suficiente para conseguir ahogarlos.¡Ay que cocido! No un cocido cualquiera.El cocido de Pili.Veinticuatro horas de lumbre que paren el mejor cocido que he comido nunca.Cocido de verdad. El tipo de cocido que invita a comerlo en compañía, que de hecho sabe mejor si lo comes acompañado. Pero equivoque la estrategia de principio a fin y del cocido se derivo como si de una formula matemática se tratara lo inevitable; el sofá, un amigo con el que compartir lecho y los rescoldos de las brasas que sirvieron para engendrar el mejor cocido del mundo.
Rodeado y abrazado al mismo tiempo por todo este escenario, no podía apartar la vista de las brasas.Son hipnóticas.Uno las mira y cree que ya las ha visto todas. Pues no.Cambian, se metamorfosean constantemente.Las crees rojas y al momento se vuelven negras, naranjas y amarillas y fundido a negro de nuevo.Una danza aleatoria, caótica pero bella como ninguna.
Esas brasas me impedían sobre cualquier otra cosa, desacerme del pensamiento de felicidad que me inundaba. Me venían a la mente imágenes de pastores que miraron las mismas brasas que yo y que seguramente les embargaba la misma felicidad.Tambien agricultores cansados tras una larga jornada vareando las olivas, sembrando, arando, y que al llegar a casa,al hogar, perdían la mirada en las mismas llamas. Imágenes de cazadores en sus refugios contando historias de su día de caza.
Creo que paso mucho tiempo, pero no puedo asegurarlo.Einstein en su teoría de la relatividad se le olvido incluir este caso. El tiempo no solo es distinto para quienes se mueven a distintas velocidades. El tiempo no transcurre a la misma velocidad para quien observa unas ascuas y para quien no.
Ahí estaba yo lleno de felicidad mirando un fuego, conectado a millones de personas que fueron,son y serán, sin necesidad de wifi ni internet.Sin saber como, la incomodidad que me generaba esa felicidad primaria, primigenia, fue desapareciendo y en su lugar empece a pensar ¿y por que no?¿No me lo merezco?
"Muchas son las cosas que hemos perdido en poco tiempo y muchas son las cosas que perderemos en un futuro cercano", me dije, y no quiero que una de ellas sea este momento. En ese momento el tronco que ardía en el fuego se partió a la mitad, azuzando las ascuas y reavivando el fuego con renovada energía.Lo tome como un signo que reafirmaba mi postura.Tranquilizado el espíritu, el calor desprendido fue suficiente para dormirme, y por primera vez en mucho tiempo, comí, dormí, y fui feliz.